En
la ubicuidad de su forma,
en
la infinidad de su espacio
y
en la espesura de su gesto.
Me
pierdo por los ángulos imposibles
y por su anárquica geometría.
Su
presencia es como un gesto de invocación,
como
una llamada violenta y descarada,
como
un guiño lúbrico y sutil que me provoca humedades internas,
que
desata mis ríos prohibidos en un caudal desbocado.
Su
poder se presenta ante mí y hace alarde de su voluptuosidad.
Y
siento celos de ella.
De la forma como tu dedo inquisidor la
acaricia en sus rugosidades y sus poros.
De
la manera como la miras con pasión creadora en los momentos en que no importa
mas nada.
De
cuando la acaricias con pelo fino,
y hasta de cuando la maltratas con un pigmento
abrasador.
Porque
se que la amas como a nadie,
que
solo a ella le revelas lo que esconde tu alma y grita el subconsciente.
Que
en tu utopía de sabanas blancas ella será tu compañera de lecho;
la
única capaz de calmar el temblor de tu sexo
y
de abrazar el fuego que desata a tu vista.
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